Nuevo tiroteo sacude a Estados Unidos antes del Día de Acción de Gracias

Nuevo tiroteo sacude a Estados Unidos antes del Día de Acción de Gracias

Menos de 48 horas antes de la celebración del Día de Acción de Gracias en Estados Unidos, un nuevo tiroteo estremeció a la nación.

El trágico incidente se produjo en una tienda de la cadena Walmart en Chesapeake, en el estado de Virginia. En una reunión de empleados poco después de las 10 de la noche (hora local) del 22 de noviembre, uno de los directores del establecimiento, Andre Bing, de 31 años, extrajo inesperadamente una pistola y comenzó a disparar contra los trabajadores. Mató a seis personas, hirió a otras seis y, según informaron las autoridades, al parecer se suicidó después de cometer la masacre.

“Estaba disparando contra todos en el salón. No le importaba a quién le disparaba. No dijo nada”, relató una empleada de Walmart, Briana Tyler, que estaba presente en el lugar de los hechos. Confundida, Tyler pensó al principio que se trataba de un simulacro para entrenar al personal en caso de un tiroteo, pero enseguida se dio cuenta de que los disparos eran reales. “Gracias a Dios me salvé de recibir un balazo”, dijo.

Al momento de escribir este artículo, las autoridades en Virginia todavía estaban tratando de averiguar el motivo que llevó al empleado de Walmart a cometer la matanza del martes.

Dos matanzas en cuatro días

La masacre en el Walmart de Chesapeake es el segundo tiroteo masivo en Estados Unidos en cuatro días. El sábado 19 de noviembre, un joven de 22 años abrió fuego en una discoteca gay en Colorado Springs, en el estado de Colorado. Dejó un penoso saldo de cinco muertos y 19 heridos.

El presidente Joe Biden dijo que los estadounidenses “no pueden ni deben tolerar el odio”. Y enfatizó: “Debemos eliminar las desigualdades que contribuyen a la violencia contra las personas LGBTQI”.

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Según la organización Gun Violence Archive, en lo que va de año han ocurrido más de 600 tiroteos masivos en Estados Unidos. La frecuencia de estos crímenes tiene que ver con la enorme cantidad de armas de fuego en circulación en Estados Unidos: 393 millones, que equivalen a 120 por cada 100 habitantes. Ese excesivo número de armas, y la extraordinaria facilidad para obtenerlas, tienen una relación directa con el índice de homicidios, que supera con creces al de cualquier otro país desarrollado. Según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés), en 2020 Estados Unidos tuvo un índice de 6,28 homicidios por cada 100.000 habitantes, mientras en Nueva Zelanda la tasa fue de 2,63; en Canadá, de 1,97; en Finlandia, de 1,64; en Francia, de 1,32; en Alemania, de 0,93; en España, de 0,64; en Italia, de 0,47, y en Japón, de 0,25. Ninguno de esos países tiene leyes tan laxas sobre las armas como Estados Unidos.

No es casual que la tasa de Japón sea tan baja: el país asiático tiene unas leyes muy estrictas de control de armas. Nadie puede tener un arma de fuego o una espada, salvo muy contadas excepciones. Poseer un arma como parte de un sindicato del crimen organizado puede conllevar hasta 15 años de prisión, y quien dispare en un lugar público puede ser sentenciado a cadena perpetua. Entretanto, en Estados Unidos el índice de homicidios con armas de fuego aumentó un 35 por ciento en 2020 con respecto a 2019, la subida más alta desde 1994.

Un culto absurdo

La relación entre el índice de violencia y la tenencia de armas es evidente. Los estadounidenses deben abandonar el absurdo culto de las armas —alentado por los fabricantes y vendedores de armas por mero afán de lucro— y exigir a sus legisladores que impongan controles similares a los que tienen los demás países desarrollados. Nueva Zelanda lo hizo en 2019, después de una masacre cometida por un supremacista blanco en una mezquita. Los estadounidenses también pueden hacerlo. @mundiario

Los invito a leer mi novela La espada macedonia y mi ensayo Biden y el legado de Trump, publicados por Mundiediciones.

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